68 personas al año. Ese es el promedio de fallecidos por descargas eléctricas atmosféricas registrado en el Perú según datos documentados. No es una cifra de otro país, ni de otra época. Es la nuestra.
Y sin embargo, la mayoría de las operaciones en campo siguen sin un sistema de alerta temprana y detección de tormentas eléctricas para anticiparlo.
1. El Perú en el contexto regional
No todos los países enfrentan este riesgo de la misma manera. Un estudio realizado en Brasil y recogido por medios nacionales ubica al Perú como el tercer país en Sudamérica en número de muertes causadas por rayos, superado únicamente por Brasil, el más poblado del continente, y Colombia.
Lo que hace más llamativo este dato no es la posición en el ranking. Es la comparación global: la incidencia de muertes por rayos en Latinoamérica es 17 veces mayor que en Europa y Estados Unidos. La diferencia no se explica por más tormentas. Se explica por menos infraestructura de protección y menos sistemas de alerta temprana y detección de tormentas eléctricas.
Dicho de otro modo: el fenómeno es el mismo, pero la preparación no lo es.
2. ¿Cuántas personas mueren por rayos en el Perú?
El dato más citado en fuentes nacionales apunta a un promedio de 68 fallecimientos anuales, cifra que proviene de estudios sobre climatología regional y que ha sido referenciada por medios como Diario Correo y Gestión. Si bien este número data de hace más de una década, no existen indicios de que la situación haya mejorado estructuralmente: las condiciones geográficas son las mismas y la brecha en infraestructura de protección persiste.
Lo que sí ha cambiado es la documentación de incidentes recientes. Reportes periodísticos de 2024 y 2025 dan cuenta de múltiples eventos en regiones como Huancavelica, Puno y Cusco, incluyendo casos donde una sola tormenta causó varias víctimas en comunidades rurales..
Hay un elemento que agrava estas cifras: el subregistro. En zonas rurales alejadas, muchos accidentes no llegan a los registros oficiales de INDECI o SENAMHI. El número real podría ser significativamente mayor.
3. ¿Quiénes son los más vulnerables?
Los patrones son consistentes en todos los reportes disponibles:
Por zona geográfica
La gran mayoría de los accidentes ocurre en áreas rurales y a campo abierto, principalmente en la sierra central y sur del país. Las zonas urbanas tienen menor exposición no porque reciban menos rayos, sino porque cuentan con más edificaciones y pararrayos que redistribuyen el riesgo.
Por actividad económica
En sectores como minería, construcción, energía y agricultura, la exposición a tormentas eléctricas forma parte de los riesgos ocupacionales previsibles, por lo que las organizaciones deben incorporar sistemas de alerta temprana y detección de tormentas eléctricas y protocolos de suspensión temporal de actividades.
Bajo este contexto, los agricultores, pastores y trabajadores en minería a tajo abierto son los grupos con mayor exposición. Ellos comparten una característica común: desarrollan su jornada laboral en espacios abiertos durante las horas de mayor actividad eléctrica, que en la sierra se concentran entre el mediodía y las 5 de la tarde.
Por género y edad
La incidencia es mayor en hombres en edad laboral, lo que refuerza la lectura de que el riesgo está directamente vinculado a la exposición ocupacional y no a factores aleatorios.
4. El costo que no aparece en las estadísticas de mortalidad
Las vidas perdidas son la consecuencia más grave e irreparable. Pero los rayos también generan un impacto económico y operacional que afecta directamente a empresas e instituciones:
Daño a infraestructura crítica
Las descargas directas pueden causar incendios en instalaciones industriales, dañar subestaciones eléctricas y destruir equipos clave. Una sola descarga en el punto equivocado puede paralizar una operación completa.
Sobretensiones invisibles
El riesgo no requiere impacto directo. Un rayo que cae a cientos de metros puede generar una sobretensión en la red eléctrica que quema sistemas de cómputo, instrumentación de precisión y maquinaria automatizada. Este tipo de daño suele estar subvalorado hasta que ocurre.
Paradas reactivas
Sin un sistema de alerta temprana y detección de tormentas eléctricas, la única respuesta posible es detener operaciones cuando la tormenta ya está encima. Eso significa decisiones bajo presión, tiempo de reacción mínimo y pérdidas de productividad que se acumulan temporada tras temporada.
El Reglamento de Seguridad Minera (D.S. 024-2016-EM) establece la obligación de identificar y controlar riesgos climáticos en operaciones. Una tormenta eléctrica en zona de alta incidencia documentada no es fuerza mayor: es un riesgo previsible que tiene responsable.
Los números exigen una respuesta técnica
El Perú no está en esta posición por mala suerte geográfica. Está aquí porque la brecha entre el riesgo real y la infraestructura de protección disponible sigue siendo amplia.
Cada temporada de lluvias, las cifras tienen la oportunidad de no repetirse. Pero eso solo ocurre cuando quienes toman decisiones operacionales y de seguridad cuentan con información antes de que llegue la tormenta, no mientras está cayendo.
En Zamtsu trabajamos para cerrar esa brecha. Nuestros sistemas de alerta temprana y detección de tormentas eléctricas están diseñados para convertir datos meteorológicos en tiempo de reacción real: minutos antes de la primera descarga, no segundos después.
¿Cuánto tiempo de anticipación tiene su operación hoy?
Hablemos y evaluamos juntos qué nivel de protección necesita su contexto específico.
Fuentes: Diario Correo / Estudio de climatología regional Brasil, 2014 | INDECI – Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres | SENAMHI | D.S. 024-2016-EM – Reglamento de Seguridad Minera | Gestión/ Perú registra el mayor número de muertes laborales por rayos y tormentas de latinoámerica



